sábado, 9 de junio de 2012

APUNTES PARA PENSAR NUESTRO TERRITORIO


Reflexiones Ónticas y Descolonizadoras


Nuestro Estado Plurinacional es un Estado organizado territorialmente. Esto quiere decir que cualquier pedacito de tierra es parte de  alguna ciudad, algún municipio o algún territorio de una comunidad indígena. Es decir que la totalidad del territorio nacional por un lado pertenece a algún municipio, pero con la nueva constitución, cada fracción de tierra, está gobernada por alguna autoridad, poder o dominio específico. Es decir que es territorio jurisdiccional y está sometido a la carta magna.
Pero un territorio no lo termina constituyendo sólo una superficie de tierra concreta y el establecimiento de una jurisdicción concreta sino que es el resultado de un proceso de construcción social y cultural de una serie de actores que lo crean. De tal manera que, así como no puede haber sociedad sin territorio, tampoco se puede hablar de territorio sin tomar en cuenta lo que significa para la sociedad, ese pedazo de tierra en el que ha construido, ha modificado su geografía, ha sembrado, ha imaginado cosas, se ha identificado con esa tierra, y lo hace emocionar.
El primer concepto de territorialidad se desarrolló por la etología, estudiando los animales en su entorno, que posteriormente pasó a las ciencias sociales como un concepto del comportamiento individual y colectivo. Es la propiedad o cualidad que tenemos tanto animales como el Hombre de necesitar una determinada fracción de espacio que la hacemos nuestra y la sentimos propia para desarrollar nuestra vida en condiciones adecuadas, es decir  vivir bien. Es el lugar de anclaje en el mundo. Es una necesidad biológica casi instintiva; como la tenemos en un nivel subconsciente y siempre latente, cuando no se cumple incide con una sensación de malestar o de desajuste de nuestro estar en el mundo.
Según Mazurek (2006), el territorio tiene cinco características que hay que tomar en cuenta para su adecuada comprensión.

1.- El territorio es localizado y más que la ubicación geo-referenciada de latitud y longitud geográficas que nos pueden llevar fácilmente a su ubicación sobre el globo terrestre, importan sus características y cualidades naturales específicas.


Valle Bajo al pié del Tunari
He llegado al convencimiento que es totalmente diferente el proceso de estar en el mundo de un habitante de un lugar cuando éste habita en una planicie infinita cuyo horizonte es una línea que separa la tierra del cielo de aquel otro habitante cuyo horizonte está ocupado por la presencia majestuosa y telúrica de los colosos montañosos de los Andes y donde la línea abstracta recta y geométrica se vuelve figura y se desplaza hacia arriba o hacia abajo. Esta presencia del horizonte recortado y desplazado y con forma tiene necesariamente que incidir en la manera de pensar, concebir y estructurar el lugar en un lugar siempre con “arribas” y “abajos” respecto del centro. “Valle Alto” y “Valle Bajo” en Cochabamba por ejemplo. Cuando esto no sucede, como la otra situación, el hombre se ve obligado a establecer un sistema abstracto ya no inmanente al lugar, sino sobrepuesto, como el sistema de ejes cardinales de orientación (norte, sur, este, oeste o “cardo y de cumano” en las ciudades coloniales y campamentos militares romanos) que le permita encontrar alguna base o punto de estructuración en el trazado o la construcción, a esa planicie sin estructura. Esto hace una gran diferencia, mientras que en el último, hay ausencia y es necesario poner alguna referencia abstracta, en el primero hay presencias que es necesario interpretar e incorporar al mundo de cada lugar. Entonces ya no importa tanto la correspondencia de los elementos direccionales del lugar con las coordenadas cardinales sino que empiezan a cobrar mayor importancia las otras direcciones hacia las figuras de los elementos de los cerros, montañas especiales, símbolos religiosos o monumentos cívicos, construidos encima de ellos.
Por tanto, la comprensión de un territorio tiene que ser local, y desde lo local; de ahí que se habla de localidad como el conjunto de cualidades y características propias y únicas del territorio que un grupo societal le reconoce al territorio estructurado por él.

2.- El territorio se basa en un proceso de apropiación, es decir de construcción de una identidad a su alrededor. 

Por eso, existen signos de apropiación que pueden ir desde la denominación hasta la delimitación de fronteras, pasando por formas abstractas de reconocimiento.

En Cochabamba, como en cualquier lugar del planeta, tenemos infinidad de ejemplos del proceso de territorialización en la denominación de lugares. Lo que llama la atención en el valle en cuanto a los nombres de lugares (toponimia) se debe a que es una zona del país donde se habla quechua principalmente y habitualmente, sin embargo la mayoría de los nombres de barrios, cerros o lugares están en idioma aymara. Esto es algo que causa mucha sorpresa a los actuales nativos de la llajta cuando uno lo menciona porque parece que lo han olvidado o ya no lo quieren recordar.

Cerro Tunari después de una nevada en las alturas
Comencemos por el más emblemático: el cerro Tunari. Es un término del aymara que significa “el pequeño que hace” es decir que ejerce la fuerza que se le ha reconocido al designarlo como el cerro tutelar del valle cochabambino y es el pequeño de todos los Apus del territorio andino si lo comparamos con los otros que están rodeando el altiplano y sobrepasan los 6.000 metros de altura. Entonces, para un andino hay cerros y hay Apus y la diferencia no es la altura o la forma sino que los Apus son la encarnación en cerro de un espíritu ancestral, genealógico protector, una fuerza numinosa con la que la comunidad y los individuos deben mantener relaciones específicas para apaciguarla y recibir sus favores e integrarla a las entidades del lugar y de ésta manera contribuir responsablemente para que el mundo funcione y para conservar el orden de nuestro mundo y de la tierra de la que todos dependemos.

Cerro San Pedro al atardecer
Ahora es interesante que justo al frente del Tunari, el primero que recibe los rayos del sol en el valle, en el otro extremo del valle, se halla ubicado otro Apu, el Tata Kiri Kiri que del aymara significa señor de los hechizos y que con la fundación de Cochabamba cambia de nombre a cerro San Pedro y que con la última proliferación de sectas, los católicos deciden construir encima el Cristo de la Concordia en una nueva acción de sobreponer, cubrir y hacer desaparecer a cuanto lugar sagrado existía en el mundo andino, con un edificio o un símbolo religioso y con ello no hacen más que reforzar la creencia intemporal del hombre y de muchas culturas que la tierra está viva.

Kollcas de Cotapachi
La propia Cochabamba (Kocha Pampa) fue sin lugar a duda una pampa con algunas cochas (charcos de agua) cuando llegaron sus primeros habitantes y esa característica descriptiva se conservó hasta su última denominación en idioma quechua para pasar al castellano como lo que quedó. No hay que olvidar a Cala Cala (Kala Kala) un barrio residencial de la ciudad cuyo nombre proviene del aymara Kala = piedra, y su repetición nos implanta la idea de pedregal; otro barrio Queru Queru (Kero) vaso de cerámica de los que se hacían en Tiwanaku y de los que se han encontrado una infinidad en estratos arqueológicos correspondientes a esa cultura que también estuvo en el valle, siendo el valle parte del territorio tiwanacota. Pero también Colcapirua (Kollca Pirwa) municipio vecino de Cochabamba que pertenece a Quillacollo y cuyo nombre combina tanto del aymara como del quechua la idea de troj o almacén o depósito de productos agrícolas de los que los Incas construyeron a lo largo de su imperio con una tecnología todavía sorprendente para la adecuada conservación de los productos.

Otra temática de la apropiación del territorio se refiere a los límites y fronteras. Cuando se definieron los límitess departamentales ya empezaron a aparecer problemas de comunidades indígenas que quedaron divididas o de conjunto de mitades donde una mitad quedó en un departamento y la otra en el otro. Actualmente todavía persisten estos problemas. La diferencia es que hoy los actores ya son visibles y con derechos, antes no lo eran y sus conflictos se los puede procesar de otro modo y no sólo políticamente. 

Zona del conflicto
Ejemplos de todo esto fueron las guerras entre ayllus de Laymes y Jukumaris, el conflicto entre Oruro y Potosí, el conflicto entre Cochabamba y Beni en la zona del Tipnis (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure).

De la misma manera dentro de las grandes ciudades se plantean problemas de otra índole en los límites que se han establecido al municipalizarse el territorio de una ciudad quedando pedazos de las ciudades en otro municipio o las propias ciudades enclaustradas por otros municipios impidiendo que dispongan de territorio sin construir y tampoco sin botadero de basura o problemas serios de abastecimiento de agua.

También los territorios de las diásporas y de los desplazados de la Tierra que en realidad son propiamente territorios de otra naturaleza. La territorialidad de las diásporas pone en una situación difícil a cada miembro de un grupo étnico o religioso que ha sido dispersado en contra de su voluntad, planteándoles cómo vivir en un nuevo territorio sin seguir identificándose con el anterior, incluso teniendo la posibilidad de reagruparse en otra parte o permaneciendo indefinidamente en ese nuevo lugar manteniendo una conexión real o imaginaria con el lugar de origen. Ejemplo de ello son los zafreros de Potosí que se ocupan en Santa Cruz o en el Norte de la Argentina. Cuando ya no regresan y se dispersan en el interior de esas sociedades para sobrevivir como puedan. La problemática de los desplazados nos plantea una situación límite donde grandes grupos humanos se mueven de sus países por conflictos bélicos o por falta de trabajo o tremendas sequías o inundaciones en sus países de origen a otros países o a través de muchos países a otros continentes inclusive.

Alguna vez escuché que esta será la tendencia que nos mostrará el mundo en el futuro próximo si es que no cambian las maneras de relacionarse de los países más ricos con los más pobres de la Tierra.

3.- El territorio es un producto de la actividad humana. 

Existen procesos de manejo y de transformación del espacio que muestran cómo el hombre se ha apropiado de él.

El paisaje es la forma más visible e integrada de la acción del hombre sobre la geografía, que acumula, deja huellas, e inscribe y amontona las prácticas territoriales de acuerdo a su historia, su cultura y el nivel tecnológico alcanzado.

Un lugar paradigmático concebido y construido con estas ideas y principios es Machu Pichu. Según el arqueólogo Johan Reinhard, la ubicación del lugar estaría determinada por la alineación entre el Huayna Pichu, Apu de la ciudad y el Salcantay, cerro sagrado y nevado en dirección sur, pasando por el Inti Huatana, lugar más sagrado en el interior de Machu Pichu. Una alineación de las que eran frecuentes entre los Incas. Si bien Binham, el redescubridor de las ruinas, le confiere a la piedra sagrada de Inti Huatana la propiedad de amarrar al sol por su orientación cardinal, los Incas tenían respecto a nuestros ejes cardinales una concepción bastante diferente. Estaban seguros de que el sol siempre salía por el este pero unos cuantos días al año nada más y después éste se iba recorriendo hacia el sureste o al nordeste hasta llegar a puntos máximos en su desplazamiento. Estos puntos máximos sí les interesaban y no el Este mismo que está en medio de este desplazamiento como un promedio, porque si el sol seguía desplazándose más hacia cualquiera de los dos lados, podía no volver nunca más y esto si era una catástrofe. 
Estos puntos máximos de desplazamiento hacia el norte y hacia el sur, se producen con los solsticios de inverno (21 de junio) y verano (21 de diciembre) y eran momentos del año muy importantes, eran momentos de cambio, de vuelco, un pacha kuti anual. Eran momentos de inflexión, el inicio de un nuevo año, el inicio de un nuevo ciclo en la circularidad del tiempo y había que dejarlos inscritos en la roca.

Se ha descubierto hace pocos años, en la isla del sol en el lago Titicaca, incluso el corte de un cerro para conservar la alineación de unas islas del lago con la salida del sol en el solsticio de invierno donde el Inca realizaba una ceremonia anual en la roca sagrada de ésta isla y el marcado de éste punto máximo de desplazamiento del sol con muros de piedra para enmarcar al sol en su plenitud visto desde la roca sagrada.

Territorio Tiwanaku (900 - 1000 d.C.)
Gracias a unos trabajos arqueológicos recientes en la isla Pariti del lago Titicaca que corresponden a la etapa última de Tiwanaku (900 y 1000 d.C.) se puede intentar una imagen de ese territorio en ese momento crucial del tiempo en el que se produce por un lado una gran sequía muy larga y prolongada que no permite sustentar la alimentación y ocasiona terribles crisis a la organización teocrática del estado tiwanacota. Pero por otro lado la alianza de la ciudad estado de Tiwanaku con la ciudad estado de Wari en Ayacucho que controla otra gran porción del territorio del sur del Perú desde las cercanías al lago hasta la costa de Ica, de carácter más militar y que juntos tratan de consolidar un territorio imperial significativo, el más significativo de su época.

Se trata de unos pozos al lado de un muro (presumiblemente de un templo de la Isla) donde sacerdotes tiwanacotas entierran en forma ritual una cantidad enorme de cerámicas, rotas previamente, junto con tinajas intactas en un aparente acto de contrición o cambio de dirección de las creencias espirituales que muestran los motivos pintados en la cerámica. Hay muchas cosas inusuales en estos enterramientos. En términos cuantitativos aparecen cantidades mayores de algunos tipos de cerámica que las usuales en enterramientos rituales en la ciudad de Tiwanaku. Los challadores que son vasijas cónicas abiertas que terminan en mango en el otro extremo. Estos están pintados por dentro y no por fuera. Los motivos están más relacionados con circunstancias en las que irrumpen las fuerzas manqa más que con los tradicionales motivos habituales de la cerámica tiwanacota incluso en uno de estos challadores aparece un enorme animal alado con cabeza reptílica y colmillos que está devorando a un tiwanacota por la cabeza. ¿Se trata de un dragón?

No hay que extrañar la presencia de dragones en los Andes. Por lo menos hay antecedentes en Chavín de Huantar de un período draconiano en sus cabezas clavas en los muros en ese lugar pero 2000 años antes que lo que estamos considerando. Además hay otro indicador muy significativo. Y también se reporta en la cerámica algunas características de la cerámica tiwanacota desarrollada en Cochabamba y no en el Tiwanaku nuclear, o por otro lado en un Keru aparece la imagen del Inti con rayos de sol alrededor del rostro como la que está esculpida en la Puerta del
Sol sólo que en este caso la boca tiene colmillos.

Keru en Pariti
Todo esto nos muestra el carácter complejo de la construcción de un territorio y más aún en un momento crítico en el que se cambia o se prueba otra dirección en el proceso de territorialización
Si bien Machu Pichu y Tiwanaku  son  casos de asentamientos precoloniales que se preservan como patrimonio de la humanidad, aquello que llamamos la Ciudad actual es el elemento de mayor impacto en el territorio, en el paisaje y es la forma más usual de la territorialidad del hombre en este mundo. 

Quizás valga la pena de mencionar cómo fue que el valle agrícola se convirtió en espacio urbano en un proceso de desterritorialización que ya no tiene freno en la sociedad actual.

Cochabamba no fue parte del “centro” del territorio aymara posterior a Tiwanaku sino que fue siempre un enclave agrícola de las etnias del altiplano en otro piso ecológico, como parte del archipiélago territorial que caracterizó la ocupación de nuestros pueblos originarios del territorio andino nacional. Los valles en Cochabamba, tampoco tuvieron una sola etnia a pesar que dependía territorialmente de Paria, la capital de uno de los señoríos aymaras, sino que usufructuaban una gran cantidad de etnias de diferentes regiones, de las bondades agrícolas de los valles. Cuando los incas llegan al valle, reconocen su valor productivo y reconocen, también, el mismo patrón de ocupación territorial que ellos usaron, junto con traslados y reemplazos poblacionales para el control y dominación de los territorios ocupados e incorporados al imperio. Según se sabe, fue Huayna Kapaj el que organiza y distribuye las tierras con esa autoridad administrativa magna e incuestionable y con el principio de reciprocidad que los caracterizó, asignándoles tierras a todas las etnias que ya lo ocupaban reunidas todas al costado oeste del valle y reservando el resto para el estado teocrático que él dirigía.

A partir de la colonia, el sistema agrícola andino es desestructurado y se produce un gradual retorno de sus habitantes a sus tierras de origen y es reemplazado por la gran conurbación extendida, poco densa, semi-agropecuaria y semi-urbana que es la ciudad actual. Y a pesar de todo, no dejan de estar presentes aquellos elementos cosmológicos con una pachamama urbanizada, un apu protector Tunari, una virgen de Urcupiña, un Cristo de la Concordia y un arriba y un abajo respecto al valle central que caracterizan la cosmología llajtamasi (los pobladores de la Llajta) y son componentes del territorio de la llajta y de su apropiación.

Ubicación de Inkaraqay en el valle
Si analizamos comparativamente los criterios para la localización de dos asentamientos en los que intervinieron cosmovisiones diferentes, Incaraqay y Cochabamba colonial, podemos apreciar similitudes y diferencias. Incaraqay se construye porque estaba en el trayecto que iba de los valles del Collao hacia el Cuzco por el camino incaico. También se construye allí arriba del valle pero al pié, como atalaya desde la que se divisa todo el valle y se puede controlar los mandatos emitidos por el Inca en su visita ordenadora y convincente. Se ubica cerca y por encima de la mayor concentración de parcelas reconocidas como productoras complementarias de los centros en el altiplano y cerca de los silos de Cotapachi cuya reserva era para el estado y para el reparto de reciprocidad en otros sitios del imperio. Y también se construyo allí para la larga negociación que tuvo que afrontar Huayna Kapaj en su paso por el valle, hasta que todos, muchísimas etnias, quedaran convencidos y conformes con las decisiones tomadas en esa oportunidad.
Cuando el sistema incaico desaparece deja un vacío administrativo momentáneo y el orden acordado ya no tiene sentido, la gente empieza a retornar a sus comunidades, la producción decae y queda sin propiedad gran parte del valle que es usufructuado, ambigua y sin mucho entusiasmo, por la gente que quedó hasta la llegada de los españoles que empiezan a apropiarse y recibir en encomienda las tierras que otrora fueron del Inca.

Primero se fundan los pueblos cercanos como El Paso y después Cochabamba. Hay que mencionar tres datos interesantes sobre la ciudad de El Paso. Primero, que junto con Sipe Sipe, son mucho más antiguas que Cochabamba perteneciendo a la jurisdicción de dos señoríos aymaras diferentes, la primera a los Charcas y la segunda a los Soras. Segundo, que la ciudad de El Paso estaba organizada en dos mitades, la del norte para los indígenas de la mitad Hanansayas y la del sur para los de la mitad Hurinsayas, ambas reunidas en su centro con la plaza y el templo de Santiago apóstol de El Paso, el más antiguo de Kanata. Y tercero, cuando se realizan las reducciones de indios por instrucción del Virrey Toledo, se recomienda usar el idioma aymara en la catequización en El Paso, Sipe Sipe y Tapacarí mientras que para Tiquipaya, Pocona y Misque se recomienda tanto el aymara como el quechua.

Mientras que el orden del mundo andino estuvo presente marcadamente en gran parte del valle bajo y central, con la fundación de la ciudad de Cochabamba se impone un orden distinto, un pensamiento diferente de filiación occidental, aristotélico por tanto bivalente, el espacio urbano organizado en damero en base al cardo y decumano de la
Roma imperial, con edificaciones con patio por tanto de origen griego, romano y andalucí y con un modo de vida colonial y por tanto segregador y marginador, excluyente.
En cambio para los habitantes de las comunidades de diversas etnias que estaban ya en los valles, la relación con un Apu (cerro protector) es vital para que el mundo devenga en sus regularidades, y permita por intercambios recíprocos (ritos y sacrificios) que la vida se desarrolle, es por tanto conveniente estar al pié del Apu protector Tunari, y allí permanecieron. Para los españoles era más conveniente estar lejos de las comunidades agrícolas para fundar una ciudad es decir al otro extremo del valle junto a la loma de la Coronilla, al cerro San Pedro y al río Rocha. Si lo vemos desde la analítica categorial occidental en última instancia son los mismos criterios aparentemente: …junto a cerros y ríos a un costado del valle y no en el centro. La gran diferencia es que occidente define un cerro como: (Del lat. cirrus, copo). m. “Elevación de tierra aislada y de menor altura que el monte o la montaña. Geogr. Relieve de forma de cono o pirámide truncados, a consecuencia de la mayor resistencia del estrato superior, residuo de la erosión de materiales de origen sedimentario”. Entonces no es lo mismo.

Y lo que está pasando hoy en la ciudad, o por lo menos en Queru Queru es, una explosión de construcciones en altura reemplazando antiguas casas con jardines grandes sobre un trazado urbano de calles avenidas angostas. Si bien la densificación de algunos barrios de la ciudad es una buena política porque la ciudad no puede seguir extendiéndose indefinidamente, lo único que están logrando es la imposibilidad de desplazarse, cómoda y habitualmente para ir del hogar (departamento) a la oficina o al colegio porque la carga vehicular que arrojan las torres de departamentos una al lado de la otra, materialmente es imposible de soportar por el trazado vial actual. Esto hace imposible moverse a ningún lado por lo menos en vehículo. Nuestro mini Manhatan con nuestra mini burbuja inmobiliaria basada en la pura especulación tiene que desmoronarse algún rato.

4.- El territorio es dinámico. 

Es decir cada territorio tiene una historia y la construcción de un territorio dado depende en gran parte de su configuración anterior.

Si le aplicamos una mirada larga a la historia del territorio y le aplicamos el criterio y los conceptos de la territorialidad para la interpretación, podemos decir que el proceso en los Andes ha seguido un ciclo que comienza con el origen de la civilización andina hace unos 5.000 años, probablemente en Caral del Supe cerca de la costa del centro del Peru.

El proceso de territorialización en el sentido objetivo y concreto presenta como uno de sus casos más habituales, el paso de una sociedad de pequeños grupos ambulantes por la superficie terrestre, a la sedentarización y con ella a la construcción de ciudades y la división en estamentos sociales con funciones diferenciadas, es decir una sociedad más compleja en un espacio determinado. Este tipo de proceso también lo encontramos en los Andes con el ejemplo mencionado de Caral. Sin embargo el territorio de Caral no se limita a la superficie de la gran ciudad que la representa, sino que hace que todo lo que está a su alrededor establezca lazos fuertes de dependencia y complementariedad por ejemplo con todas las áreas agrícolas de sus alrededores donde se sembraba algodón y legumbres, con las comunidades pesqueras de la costa que trocaban el algodón para sus redes de pesca por pescado, con los cultivadores de hoja de coca en las quebradas mesotermicas del otro lado de la cordillera y con algunas zonas hacia el norte o hacia el sur de su localización donde se produzca algo que la sociedad de Caral pueda consumir o trocar en su enorme mercado central donde se intercambian productos, saberes, ideas y cultura en general.

Ese proceso de territorialización comienza allí por el 3.000 a.C., y prosigue hasta el 1.530 d.C., aproximadamente cuando se produce el magnicidio del Inca, la conquista y colonización de América con la llegada de españoles, portugueses y posteriormente ingleses, franceses que producen un tajo radical al proceso y comienza el proceso de desterritorialización. ¿Cuáles son sus principales características? Los esfuerzos y empeños por instaurar una sociedad colonial con el control y dominación de un territorio en base a la evangelización, la extirpación de idolatrías, la reducción de indios en encomenderos, la fundación de nuevas ciudades, los censos de población, la sobreposición del calendario gregoriano al calendario cíclico andino, la castellanización de la población asimilada, el inicio de la conversión de habitantes en ciudadanos piadosos y creyentes de todos los indígenas y mestizos que vivían en las ciudades, el reemplazo de la vestimenta autóctona por la europea, etc.


¿Por qué caracterizo esta etapa como de desterritorialización cuando se la podría ver como un nuevo proceso de territorialización pero diferente del anterior? Pues porque en la balanza hay mucho más elementos desestructuradores de un proceso de territorialización donde el territorio sea entendido como la correspondencia armónica y coherente entre la sociedad y su desenvolvimiento y, el espacio en el que se desarrolla. Tampoco la sociedad es un bloque unitario y coherente pero resulta que la mayoría de sus integrantes apuntan en un sentido opuesto a la tendencia occidentalizante que muestra los esfuerzos por hacer su correspondencia. Menos mal que el proceso de desterritorialización no ha concluido y absorbido a la totalidad del espacio nacional. Claro que hay un pequeño sector de la población que camina en esa dirección todavía pero ya sabemos las consecuencias catastróficas de esa dirección. Macrocefalia urbana, congestiones vehiculares, polución atmosférica, contaminación del aire y de las aguas, volúmenes de basura inmanejables, etc.

Pero la desterritorialización afecta de otra manera al individuo y con consecuencias patológicas. Ya hemos dicho que una de las características del Hombre es la territorialidad. Es decir que la relación del hombre con su territorio, con su lugar es fundamental en la construcción de su identidad y esta se expresa a través de la apropiación de un espacio imprimiéndole sus características propias. Es decir que el territorio refleja la cultura y la sociedad que lo ha formado que le ha imprimido su carácter, que le deja su sello propio, y cuando este carácter y sello es tan general como lo que ocurre en todas partes del mundo, deja de ser un carácter propio un sello distintivo un rasgo propio y ya no es nada, se diluye. Y cuando ya no existe ocasiona desequilibrio, la persona se desestructura, pierde su anclaje, es un ciudadano del mundo pero de ningún lugar porque los lugares están empezando a desaparecer con la entusiasta y generalizada construcción de no-lugares.

La más reciente imagen filosófica de la sociedad occidental actual en la dirección del tema aquí analizado la construye Peter Sloterdijk. El construye una imagen morfológica del mundo poliesférico actual utilizando la metáfora de esferas que responde según él a una morfología general del espacio humano. 

Instalación en base a Esferas
El problema humano fundamental actual, que hay que considerar según él, no es el tiempo sino el espacio, esto es, que la vida es un asunto preeminentemente de forma (en éste caso qué forma adquiere la vida en su manifestación) es decir de la espacialidad que la vida crea y porta consigo. De esa manera es posible mostrar a través de formas esféricas varias, en las que  el hombre actual, occidental, encuentra y construye sus territorios. Retoma la pregunta de Heidegger de esta manera: ¿dónde estamos cuando decimos que estamos en el mundo? A lo que Sloterdijk responde estamos o somos en burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos donde el hombre se construye, se protege y cambia. La vida humana se autoorganiza siempre creando espacios protegidos e inmunes, del protoplasma a la vida intrauterina, del afianzamiento del hombre en su identidad a la conformación de sus espacios íntimos, sus casas, sus ciudades y sus espacios metafísicos e imaginarios.

En su obra retrata de manera exhaustiva y en un recorrido histórico el proceso de territorialización por el que ha transcurrido la sociedad occidental hasta llegar al momento actual. Ese proceso ha pasado por una gradual ampliación del mundo pasando por la totalización en una imagen mundo tipo globo, geocéntrica globalizadora hasta que gradualmente este globo se revienta y nos deja sin afianzamiento. 

En “Espumas”, el tercero de su trilogía, ofrece una imagen de la implosión de estas esferas protectoras, lo que da lugar a curiosas interacciones donde lo que destaca es que la vida en su condición actual se desarrolla multifocalmente bajo un régimen nuevo de complejidad. Una teoría, un mundo que a pesar del generalizado discurso de la globalización, está marcado por el fin de una imagen centralizada del globo omnicomprensivo y unitario por otra de tipo múltiple, grupal, sectaria o tribal. Y de ahí sale el intento de comprender la situación actual como la conexión entre sí de “burbujas”, pequeños ambientes de aislamiento conectado (celulares e internet) de diversidad de conexiones, de constante movilidad de los puntos conectados en la irregularidad de la estructura total. Esa retirada o encapsulamiento del hombre individualista de occidente, pero hiperconectado se rescata en la imagen del movimiento de apartamiento del mundo para crear desde  un departamento en un edificio, un mundo de burbujas como espuma que borbotea en las ciudades múltiples y plagadas de no lugares carentes de toda visión panóptica, de toda metáfora integradora en las que vivimos hoy.

Esta situación es lo que Sloterdijk quiere describir con la metáfora de la Espuma, un agregado de múltiples celdillas, frágiles, desiguales, aisladas, permeables pero sin efectiva comunicación que mantiene una estabilidad por  liquidez en una divisa postmoderna. La consecuencia es una ruptura de toda representación de totalidad con consecuencias sociológicas y políticas correspondientes.

Ya se puede identificar según él otro mito divulgado por los ideólogos de occidente y sus mercenarios por todo el mundo. El del crecimiento acelerado y constante de la economía de los países y el chorreo de excedentes hacia los sectores más pobres de la sociedad  en una lógica capitalista que dominó el paraíso neoliberal desde los 80 y que acaba de explotar como un globo fatuo.  Ya sabemos que esto  nunca sucedió y en su lugar advino la acumulación incluso del excedente por una minoría y despertó nuevas formas de codicia y de teorías académicas que respaldaban el fraude fiscal de la promesa escatológica del libre mercado.

Entonces estamos en la inmejorable coyuntura histórica y política de retomar y encausar un proceso de reterritorialización para armonizar con la Pacha Mama y construir nacionalidades, pueblos, ciudades y lugares para vivir bien.

5.- La definición de un territorio es relativa a un grupo social. 

Es decir que puede existir superposición de territorios de varios grupos sociales o que la ubicación de la población no necesariamente corresponda a la del territorio.

Como la definición de un territorio proviene de un grupo social debida a su manera de entender la realidad volcando en ella e imprimiendo sus propias maneras de pensar creo imprescindible mostrar qué características tienen ese estar-en-el-mundo de los andinos y la conveniencia de asumirlas como propias para pensar nuestra realidad.


Comencemos con algunas condiciones ónticas de la hermenéutica de los lugares en los Andes. Una postura óntica es un recurso filosófico que coloca la reflexión, un paso antes de la habitual pregunta por el ser de las cosas. Esa pregunta indefectiblemente colocó la reflexión en el cauce de la ontología ya recorrido y con las categorías ya utilizadas y de la manera ya efectuada. Por ese camino ya no queda nada nuevo que decir. Por el contrario una reflexión óntica permite siempre desde la experiencia concreta, encontrar temáticas no incluidas en la reflexión de la filosofía occidental o formas de pensar y vivir la realidad diferentes que nos posibilitan descolonizar el pensamiento y reflexionar de nuevo nuestra realidad con nuevos elementos.

Occidente ha pensado siempre sólo el ser de las cosas, el tiempo. Proponemos incluir el espacio en el estar-siendo como nuevo carácter óntico del vivir en los Andes. El pensar el estar-siendo pareciera escamotear lo determinable[1] y embarcarse en la indeterminación donde todo lo referente a la determinación es relativa. El estar-siendo permite ingresar en una conciencia simbólica. Al existir una especie de obsesión por la racionalidad que no permite ver otras posibilidades, coloca éste pensar en la irracionalidad cuando, en realidad, hay que descubrir otro modo de ser racional y no la ausencia de racionalidad (¿senti-pensante?)[2], o como declara Punset, “la racionalidad al servicio de las emociones” en la medida en que nos consideremos seres emocionales que de rato en rato nos ponemos racionales. El estar-siendo desde su interioridad nos sugiere entonces un fundamento emocional pero no como lo impensable sino como lo no pensado aún así, y que se coloca en el pensar en general en el contexto que envuelve al ser, en el trasfondo desde el cual lo ontológico mismo es un simple episodio. La otra posibilidad es la complementaria entre razón y emoción, donde el fundamento es una esencia de carácter emotivo-racional. Veamos cómo se resuelven éstas hipótesis.

En el estar-siendo se da la potencialidad cuántica de todas las cosas de ahí su carácter seminal. Por eso, todo está en el estar pero no todos lo ven. Se “ve” lo que queremos ver o lo que podemos ver. Cuando ese “ver” instala mundos posibles, son visiones de mundo que hacen que las cosas que hemos incorporado, tengan sentido en ése mundo y nos posibilita la identificación con el lugar no como hecho consumado y acabado sino como devenir. La potencialidad del estar en múltiples mundos, hace a la inestabilidad del ser y lo vuelve transitivo, (siendo), y la tendencia del ser a la identidad desacelera el siendo, le quita velocidad y lo vuelve más lento.

Por un lado se ha reclamado que el ciudadano actual está perdiendo su antigua capacidad de identificarse con su ciudad (su lugar para vivir con calidad) porque  la ciudad ya es otra o muchas simultáneamente y porque la velocidad de los cambios actuales lo hacen cada vez más imposible o poco probable. 

Totora
Cambios de lo real unitario (como Totora, por ejemplo) a lo diverso, múltiple, heterogéneo; a lo real-virtual múltiple simultáneo y complejo (como los mundos imaginados de las películas; Avatar), de lo cerrado a lo abierto, descubierto o destapado y virtualmente transparente (espuma).

que
La identidad con la totalidad de la ciudad ya no es posible más. La búsqueda de la identificación con el lugar se tiene que ubicar a una escala menor o diferente, en un barrio como unidad territorial de la ciudad y cuando no sucede esto, con la malla de sitios discontinuos en forma de archipiélago de orden matricial donde suceden todos los acontecimientos de la vida cotidiana de los múltiples grupos y subgrupos societales o culturales, étnicos o tribales con los que me identifico
y que, la ciudad cobija y hace posible su coexistencia simultánea.

En vez de empeñarse en la búsqueda de la identidad del ciudadano con la ciudad como programa creo que hay que desplazar la ocupación y preocupación hacia la búsqueda de los múltiples sentidos que la ciudad posibilita para los variados grupos y personas que la habitan en un mosaico de subculturas, por ejemplo. Esto pasa necesariamente por la búsqueda y reconocimiento de las posibilidades simultáneas con componentes y relaciones que cada lugar posibilite para cada grupo o persona. El estar-siendo un lugar para alguien por tener sentido.

Veamos cómo se genera sentido parafraseando a Derrida[3]. Piensa él, que el presente del ser se genera a partir de la no identidad consigo mismo en sus etapas iniciales y la posibilidad de la huella o traza recordada. La huella como la relación con un pasado que se sustrae a la memoria y que para él se encuentra en lo dicho, el discurso, el logos y que para nosotros, se encontraría en lo construido. Todo sentido se origina en ésta conformación. 

El sentido es de naturaleza temporal, y por lo tanto, cambia. El sentido no es nunca sólo presente sino movimiento de la huella es decir significación. La huella o traza preexistente es una relación de la intimidad de un presente del ser (en constituirse) con su realidad externa (obertura a la exterioridad en general). La temporalización del sentido es, desde el principio de su propio juego, espaciamiento que impide el volumen homogéneo del espacio y la linealidad del tiempo. El espaciamiento es admitido como intervalo o diferencia (que divide el sentido y difiere su plenitud sin fin) y como obertura al exterior. Este exterior si es conceptuado como espacio construido y nada más, apunta ontológicamente a la plenitud del ser-ahí exterior con un solo sentido, pero para nosotros que preferimos conceptuarlo como lugar es el preludio siempre presente que interactúa constantemente con el “siendo“ para concebir el estar-siendo un lugar para alguien por su sentido circunstancial.

Y es que circunstancia alude por una parte al mundo del sujeto (la obertura exterior) que, selecciona de lo que hay lo pertinente para integrar su mundo, y por otro lado, lo circunstancial tiene un componente accidental y periférico al sujeto, a la sustancia del sujeto, que lo rodea y le proporciona la dimensión espacio-temporal donde está el Otro con su mirada (la alteridad) y las posibilidades de sentido que al sujeto (sólo al que está dispuesto a reconocer su existencia y su valor) le brinda otra obertura, otro espaciamiento, otra diferencia, con su sola presencia.

Si todo esto es como lo hemos especificado, el ser humano tiene que poseer algunos mecanismos pre-lingüísticos que le permitan independientemente de su dominio de un idioma o del lenguaje, establecer con bastante propiedad el sentido que tienen las palabras o las situaciones o las cosas en el mundo. Según Jerome Bruner[4] en “el yo transaccional” plantea algunos puntos que vamos a sintetizar:

Aparte de la polisemia que se da entre palabras y las cosas a las que hacen referencia las palabras, y de las relaciones de unas palabras o expresiones con otras palabras o expresiones que constituyen la esfera del significado, que no siempre realizan una correspondencia completa y absoluta con la realidad, existe otro poder del lenguaje. Se trata de la capacidad del lenguaje para crear y estimular realidades propias. Su constitutividad que crea y transmite la cultura y localiza nuestro lugar en ella permitiendo que las personas adopten modos de actuar satisfactorios en determinados contextos. Es la capacidad del lenguaje de crear mundos, ya reconocida por los cientistas sociales poniendo en entre dicho la habitual dirección en la que hemos
creido que opera esa relación. Siempre hemos dicho que la realidad es y está ahí para describirla pero nunca hemos aceptado que la realidad es también lo que pensamos y decimos que la realidad es y que además termina siendo cómo la hemos imaginado o descrito.

Si esto funciona así para el lenguaje y los objetos culturales, habrá que preguntarse si pasa lo mismo cuando el sujeto existe como intérprete de los hechos de lenguaje en relación a la cultura, en los lugares y para constituir sentido de los lugares. Creemos definitivamente que si, en un ámbito distinto con otros componentes. Entonces habrá que preguntarse si el lugar hay que tratarlo como al lenguaje con su propia sintaxis y semántica o es conveniente alejarse de estos sistemas y encontrar los suyos propios para el lugar. Dejemos, por el momento, en suspenso esta cuestión y avancemos un poco más en la indagación óntico-ontológica del lugar.

Si la posibilidad de habitar un lugar se da por el estar-siendo como una actitud del hombre en el mundo, pero no en todo el mundo sino en ese archipiélago matricial que incorpora en sus trayectorias cotidianas, tenemos que caracterizar sus componentes capaces de producirlas, la dinámica de las relaciones que establece en su obertura al exterior y aquellas características del entorno que inciden globalmente en este sistema complejo del lugar.

Un lugar es tanto un valle, como una ciudad, como una habitación, como un cubículo dentro de una habitación, como un asiento-ventana que permite estar en la habitación y mirar afuera por la ventana. Todos ellos tienen unos componentes mínimos y suficientes que hacen a su constitución.

Un lugar como sistema complejo parte de la identificación de sus componentes primarios en la relación del Hombre y el Lugar. El hombre desde esa relación es un habitante del lugar en su estar siendo habitante en ése lugar. Se lo puede analizar en su situación única de individuo o en sus similaridades de grupo con todas las características antes mencionadas.  Entonces el oikos-sistema es un sistema del lugar complejo, se lo puede entender como biotopo, o medio que es habitado por el conjunto de individuos o grupos sociales que forman una comunidad. Esta comunidad no solo es compleja sino también puede ser conflictiva cuando los diversos lugares en archipiélagos matriciales de los diferentes grupos coinciden y se usan simultáneamente y cada grupo tiene visiones de mundo diferentes y hay tradiciones antiguas de racismo, exclusión y marginación todavía no resueltas.

El equilibrio entre factores bióticos (plantas, animales y microorganismos) y factores abióticos (clima, suelo, aire y agua) encontrado en los ecosistemas está presente allí porque ha habido un proceso de adaptación-regulación natural que los ha llevado a él y son sistemas semi-cerrados no excitables y conservativos que es muy fácil desequilibrar con la alteración de alguno de sus componentes o relaciones, cosa que hemos venido haciendo insistentemente. En el caso de las ciudades, como son sistemas abiertos artificiales, culturales, disipativos, excitables y que alteran profundamente el medio natural, no sólo por construir, sino por los volúmenes e impacto de los intercambios de materia y energía que consumen y desechan, y también por las relaciones intergrupales que pueden ser conflictivas (movimientos sociales que hoy son cada vez más frecuentes), ocasionan modificaciones que van más allá del propio sistema y que no se han comprendido del todo aún si no se los ve con estos ojos. 

Mientras que en eco-sistemas, el factor tiempo es externo a ellos, es un parámetro, es cíclico como las estaciones, en los sistemas complejos abiertos, inestables y dinámicos como la ciudad actual, el tiempo es interno y es marcado por su dinámica de cambio y transformación. Esto también ocasiona desajustes hacia los habitantes y comunidad como al medio ambiente natural por su des-sincronía en la adaptación. Las consecuencias pueden ser conflictos sociales, y desastres urbanos.

La trama matricial de lugares en un sistema tal, se la puede leer a partir de dos tipos de operaciones topológicas: la contigüidad y la dis-contigüidad espacial y funcional. Tradicionalmente la racionalidad ha privilegiado las contigüidades topológicas[5] pero es sabido que las dis-contigüidades han existido desde el principio (la ocupación y usufructo de islas de complementariedad en otros pisos ecológicos) y son las que explican las matrices en forma de archipiélago (una forma del territorio)  y son la manera en que el habitante usa, disfruta o padece la ciudad actual y el territorio. Esto muestra los lugares en múltiples dispersiones o densidades que sólo se pueden valorar cuando favorecen circuitos de reciprocidad, recorridos culturales, recitación de lugares sagrados en los ritos, ámbitos de relaciones e intercambios (Iquique-Oruro- La Cancha- Sinaota) que incluso algunos no necesitan de construcción alguna y aparecen, se instalan y desaparecen como las ferias itinerantes en el altiplano, otros sin embargo, que si necesitan construirse y por último, otros que se construyen y no se usan o se usan en otros usos Como los edificios-mercados que se usan como depósitos y se vende en la calle y por último, aquellos que se reciclan.

Si analizamos los lugares como ámbitos de fuerzas, tenemos que reconocer su relación con los seres numinosos (dioses, espíritus o energías) “como inmanencias desarrolladas por los imaginarios en forma de fuerzas, potencias, acontecimientos iniciales o estados y situaciones anímicas donde la vida como conjunción, compulsión y desenlace de estas fuerzas y potencias se convierte en la mediadora de estos campos de fuerza y al comprendernos como parte de esa totalidad y al reconocer su presencia en nosotros, en los lugares, en los alrededores aparecen configuraciones y transfiguraciones como representaciones que le dan sentido” al lugar como bien caracterizaba Raúl Prada en su Ontología de lo Imaginario. 

Para analizar esta manera de “ver”, debemos identificar los componentes numinosos de un lugar para vivir bien y cómo ellos nos ponen deyecto en nuestras configuraciones en relación a las de los otros, que, hasta ahora, no han sido incorporados en el pensar y el hacer contemporáneo.

La relación del Hombre con el Medio Ambiente ha sido tratada desde siempre con visiones distintas y ellas han determinado de alguna manera el estado desesperado en el que hoy nos encontramos frente a calamidades ocasionadas por nuestro desacierto como la extinción de gran cantidad de especies animales y vegetales, la sexta que ocurre desde que la vida existe en el planeta y ésta vez ocasionada por el hombre, la contaminación de aire, agua, suelo y subsuelo no sólo con basura sino con químicos y materiales radiactivos de los que es posible que no podamos librarnos más, el calentamiento global producto de un sinfín de contribuidores pero que en última instancia se debe a nuestra inagotable necesidad, provocada intencionalmente, de consumo ilimitado, producción más rentable, y negocios ultra-lucrativos de la sociedad occidental sin límite, globalizada  y globalizadora a la fuerza.

En la época del pensamiento metafísico, de los dualismos irreductibles, se llegó a concebir a la naturaleza separada del hombre como entidades distintas, se separó al hombre de su condición natural, se lo concibió primero como ser cultural. De ahí la dualidad de Naturaleza-Cultura que generó lo innato y lo adquirido en el hombre de La Ilustración. 

Luego, el hombre como ser racional; y se lo privó de su animalidad, a lo sumo se aceptó su condición de Homo Sapiens, muy por encima del resto de los animales y de ahí su soberbia y su poder que lo llevan a conquistar y dominar a la naturaleza con la colaboración de la tecnología. Si bien la racionalidad permite a Kant desarrollar su obra filosófica como las críticas, la unidimensión de la racionalización de toda la acción social como valor y posibilidad del desarrollo sin límites llevó a los extremos en los que estamos ahora.

Este pensamiento se determina en la concepción de una dialéctica Hombre – Naturaleza que se caracteriza por estar constituida de elementos opuestos, irreductibles cuyas relaciones han estado caracterizadas por la confrontación en términos primero de “defensa” contra, y luego de “lucha” de “conquista” de “dominio” del hombre sobre la naturaleza que de alguna manera prevalece en la mayoría de la población común.

El impulso al desarrollo de la ciencia y con ella de los descubrimientos en todos los campos del  conocimiento y del hombre en particular, La Teoría de La Evolución de las especies, el origen común de los organismos vivos, la conservación en el cerebro humano de por lo menos tres sistemas interconectados de etapas evolutivas anteriores (reptílica, mamífera, y neocórtex[6]) han contribuido a relativizar el predominio de La Razón en el comportamiento humano abriendo la intuición, la creatividad, la espacialidad que el hemisferio derecho del neocórtex provee y, por otro lado, las emociones y con ellas La Inteligencia Emocional y los comportamientos agresivos (la guerra) y territoriales de mamíferos y reptiles. Todo esto reunido aquí para recordarnos nuestro linaje común. De tal suerte que los conocimientos acumulados hasta hoy por el quehacer científico, el más racional de todos, nos colocan de nuevo en la ubicación correcta de la que jamás debimos alejarnos.

Si las relaciones entre los hombres gracias a éste desplazamiento, se pueden caracterizar como de índole zoológica y simbólica es decir mediadas por lenguajes, las relaciones con la naturaleza retoman su índole fisiológica es decir una humanidad que es capaz de funcionar en un medio natural de una cierta manera o, termodinámicas, como la humanidad que crea condiciones artificiales ambientales para regular el confort que en un principio fue de protección, pero que con el desarrollo tecnológico y a través de su uso y aplicación, ha traspasado la mera protección e ingresado en el consumo ilimitado y el derroche energético.

Entonces, de la misma ciencia surge una nueva, integradora, de componentes heterogéneos, más compleja y de enfoque distinto del analítico cartesiano: la ecología cuyo objeto son los sistemas ecológicos o ecosistemas constituidos por un área o lugar denominado medio o biótopo, el que a su vez está habitado por un conjunto de seres vivos que forman una comunidad y que establecen unas relaciones específicas entre todos, es decir entre seres vivos y medio ambiente. Este medio o biótopo es todo espacio físico que rodea a los seres vivos y con el cual intercambian materia y energía, donde encontrarán competidores, colaboradores, enemigos, obstáculos físicos y facilidades para desarrollarse y a los cuales deberán adaptarse.

Los factores abióticos de un ecosistema como la luz, el aire, el agua, el suelo y la temperatura, que constituyen la base fundamental donde se desarrollan los seres vivos o seres bióticos; es decir, sin alguno de estos elementos no existirían los seres vivos. Los elementos abióticos solían cambiar en el transcurso de cientos de miles de años, de manera muy lenta. El biótopo, sobre el que se apoyan los seres vivos, se suele distinguir en: el medio terrestre, el medio acuático y el medio orgánico.

Esta es la base sobre la que se realizan los estudios ecológicos pero hoy hemos llegado a un estado tal de agresión a la naturaleza por la insensatez, que hemos sido capaces de globalizar uno de sus factores: la temperatura del planeta; ya hay suficientes datos y estudios científicos para afirmar que estamos en el inicio de un proceso de calentamiento global que va a tener incidencia de maneras diferentes en cada uno de los ecosistemas que se han formado en el mundo, desequilibrándolos. Pero lo más grave son las cadenas de procesos que se disparan a partir de la modificación de uno sólo de los componentes sobre el propio ecosistema y sobre los demás cuyas consecuencias son todavía imprevisibles[7].

Representación de Pacha Mama
Esta ciencia que nos permite comprender o ver de otro modo el mundo, al incluir solo dos macro componentes, los bióticos y los abióticos o biotopos o medio, ha dejado, sin embargo fuera las relaciones que establecen los seres vivos y en especial el hombre, con los seres numinosos y que sólo al incorporarla nos permite pensar y entender la presencia omnisciente y las relaciones cotidianas que el pueblo andino mantiene con La Pacha Mama de las que se obtienen los componentes medioambientales de los lugares de forma holótica.

Hemos dicho que un lugar es tanto un valle como una ciudad o una habitación o un lugar en la habitación. Si bien se puede generalizar la existencia de lugares en cada una de las unidades segmentadas, los componentes medioambientales y sus relaciones son particulares para cada escala y para cada caso.
¿Qué es Pacha Mama, y qué tiene que ver con el Medio Ambiente? Y ¿cómo extraemos componentes medioambientales para comprender los lugares de las relaciones que mantienen los andinos con ella?

En la cosmogonía andina, el momento que se crea la segunda humanidad, la actual, en el Akapacha o Kay pacha (el aquí y ahora de Los Andes) se manifiesta la Pacha Mama como un ser numinoso generador de vida, de fertilidad y abundancia. En términos ecológicos es el numen del biotopo en los medios terrestre y acuático (mama cocha). 

Se ha traducido al español como “madre tierra” pero no es solo la tierra aunque su morada es principalmente la tierra, porque participa también en la generación de plantas y animales, ni es toda la tierra porque gran parte de las tierras son in-cultivables, son áridas, son inutilizables. Representa en potencia el principio femenino de matriz del Pacha y sus actos generan entes diferenciados sexualmente en mitades complementarias portadores de cualidades masculinas y femeninas como propiedades de todas las cosas de este mundo, plantas, animales, la humanidad y las nubes y las rocas también, a pesar sobre algún despistado ignorante que se ponga a jugar con unas rocas para ver si tienen sexo en un programa de televisión de difusión nacional.

La ventaja de éste enfoque, de la manera en que se recorta la realidad en categorías que separan y agrupan de otro modo las cosas de su realidad es, que es una visión holísta, similar a la ecológica, no analítica, totalizadora y simbiótica, que no eleva al ser humano por encima de la naturaleza, que le haga pensar ilusoriamente que puede dominar la naturaleza impunemente, o que su relación con los dioses necesite de una religión para re-ligarse con ellos y de rato en rato cada fin de semana. 

El Hombre andino sabe con certeza que es parte de la naturaleza, tiene, ni más ni menos, las mismas características y propiedades que cualquier entidad natural que convive en ella y al hacerlo, está constantemente en contacto con los seres numinosos que también son parte de ella, a través de ritos y acciones que le permiten restablecer el equilibrio, que sabe que es responsable, a su vez, de hacerlo perder. Naturalmente que la magnitud del desequilibrio ocasionado en ese medio, jamás se podrá comparar con la del calentamiento global que nos aqueja a todos hoy. Cuanto más se tratará de una mala cosecha en su parcela o de la disminución de su ganado por pequeños descuidos.

Preparación para una Challa
Durante la ch’alla (libación), cuando invitan a tomar parte a todas las divinidades, y mientras van derramando gota a gota el trago por el suelo, los pueblos andinos recorren nombre a nombre todos los lugares de su territorio y los insertan en un espacio más vasto y lleno de fuerzas, mediante la recitación casi interminable de cada lugar, cada recoveco donde se reconoce un poder especial. No es una simple enumeración del espacio, sino que van llamando a estos lugares para que desempeñen cada uno su función propia. 

¿El Espíritu del Lugar?

Los que por su forma son lugares reconocidos como desencadenadores de fuerzas numinosas, son los que son encrucijadas de caminos, encuentro de ríos, quebradas, las cumbres, los mojones (apachetas), los pasos entre cerros (palcas), los lugares de enterramiento de antepasados (no los cementerios sino las chullpas). Todos estos lugares están animados por fuerzas Manqha, internas, oscuras, indómitas, salvajes y peligrosas pero también los fenómenos atmosféricos como el rayo, la granizada, las nevadas, y telúricos como los terremotos e inundaciones. Las relaciones con estos entes poseedores de ese tipo de fuerzas tienen el carácter de la reciprocidad necesaria para no desequilibrar los cauces de la existencia. Los ritos y ofrendas otorgados a ellos, no se debe entender como temor, sino negociación de reciprocidades por un reconocimiento de su poder intrínseco y respeto incuestionable.

Definido de esta manera el territorio en el que los lugares son otra manera de designarlo, queda patente la coherencia y claridad con la que nuestros coterráneos lo han concebido y vivido. 

Nos queda el desafío de hacerla propia y continuar la tarea de reterritorialización de nuestro territorio munidos de todos los saberes de ellos y nuestros que apunten en esa dirección. Será tarea para las gobernaciones, municipios, territorios indígenas, comunidades e individuos participar en su realización.


[1] “Determinar”: fijar los términos de algo; diferenciar, discernir. Diccionario Encarta.
[2] Caracterización óntica planteada por Xavier Zubiri en su trilogía Inteligencia Sentiente, Editorial Tecnos, Madrid, 2004.
[3] Resumido del apéndice 1.1 de “Topogénesis Uno” de Josep Muntañola en base a Derrida en la “Voz y el fenómeno”.
[4] Resumido del libro “La elaboración del sentido” de Jerome Bruner, Ediciones Paidos, 1990, Barcelona.
[5] Ver Ciudad ideal para tres millones de habitantes de Le Corbusier y las cuatro funciones básicas separadas que la constituyen.
[6] El conjunto reptílico y mamífero, tambien llamado centroencéfalo es responsable del mantenimiento del equilibrio fisiológico y psicoafectivo de la homeóstasis restringida al medio interior, mientras que el  “neocortex” o corteza nueva participaría en la homeóstasis generalizada (según Laborit) regulando el equilibrio del organismo entero en relación con el medio externo.
[7]  Ver conferencia presentada por Al Gore en las principales capitales del mundo globalizado sobre el calentamiento global, titulada “Una Verdad Incómoda” cuya iniciativa y difusión le valieron el otorgamiento del Premio Nóbel de La Paz en octubre del 2007.



viernes, 13 de abril de 2012

CHARLES JENKS Y EL NUEVO PARADIGMA EN ARQUITECTURA

Una Publicación de la Polémica


Escrita por NIKOS SALINGAROS
Traducida por Arq. Sebastian D'Andrea, de Buenos Aires

Publicada en el Boletín Informativo Nro. 49 de la Revista Ambiente.
Nikos Salingaros

Cuando Charles Jenks proclama a la arquitectura de Peter Eisenman, Frank Gehry, y Daniel Libeskind como “El Nuevo Paradigma en Arquitectura”, sólo busca promocionar a esta elite de famosos. Supuestamente sus obras están basadas en las leyes de las Nuevas Ciencias, como la complejidad, los fractales, los procesos emergentes, la auto-organización y la similaridad. Salingaros desaprueba esta afirmación y demuestra que Jenks se basa en malos entendidos elementales. Hay un Nuevo Paradigma en arquitectura, y está indudablemente basado en las Nuevas Ciencias, pero no incluye al deconstructivismo, sino a la arquitectura innovadora y humana de Christopher Alexander, la arquitectura tradicionalmente humana de Léon Krier y más, mucho más.

Charles Jenks
En un reciente artículo, Charles Jencks, el conocido crítico de arquitectura, proclamó “El Nuevo Paradigma en Arquitectura”. Esto se dio a conocer en un discurso presentado al Real Instituto Británico de Arquitectos, en Londres, el 11 de junio de 2002. Según Jencks, el nuevo paradigma consiste en edificios deconstructivistas, tipificado por el museo Guggenheim para las artes modernas en Bilbao, España, de Frank Gehry e incluye otros trabajos y proyectos de Peter Eisenman, Daniel Libeskind y Zaha Hadid. Jencks acaba de corregir su popular libro “El lenguaje de la arquitectura postmoderna” y ambiciosamente le ha cambiado el nombre para reflejar la nota publicada.

Jencks basa su propuesta del nuevo paradigma en lo que él cree que son fundamentos teóricos para los edificios que él premia. Dice que estos edificios surgen y pueden ser entendidos a partir de las aplicaciones de la nueva ciencia; concretamente, la teoría de la complejidad, sistemas auto-organizables, fractales, dinámicas no-lineales, surgimiento y similaridad. En mi propio trabajo he utilizado resultados de la ciencia y las matemáticas para demostrar que la arquitectura vernácula y clásica satisfacen las reglas estructurales que coinciden con la nueva ciencia. La arquitectura de Christopher Alexander se apoya precisamente sobre la misma nueva ciencia, y crucialmente, Alexander es también un científico.
Edificios en demolición

Jencks se hizo famoso gracias a la observación de que el modernismo había concluido, publicada en la primera edición de “El lenguaje de la arquitectura posmoderna”. Basando su anuncio en la demolición (por parte de agencias gubernamentales) del premiado conjunto de viviendas Pruitt-Igoe en Saint Louis, Missouri, del arquitecto Minoru Yamasaki, en 1972. Si tuviésemos en cuenta la cantidad enorme de edificios modernos construidos desde entonces, podríamos decir que la determinante aseveración hecha por Jencks no se ha cumplido. Por otro lado, Michael Mehaffy y yo, hemos hecho una predicción de alguna manera tardía del fin de la modernidad derivada de la demolición de otro edificio de Yamasaki en 2001 (por terroristas de Al-Qaeda): las torres gemelas de Nueva York, el World Trade Center.

Considerando su fallido (o al menos, prematuro) anuncio acerca del fin de la modernidad, nuestro gran escepticismo ante este nuevo de Jencks está plenamente justificado. Él argumenta acerca de un nuevo paradigma con las características opuestas a las de una estructura viviente. Eso no es lo que uno espera acerca de la nueva ciencia, la cual ayuda a explicar las formas biológicas. Intentar tener una perspectiva de esta contradicción lo lleva a uno ante un extraño brebaje de confusos conceptos y declaraciones. Demostraré que Jencks no provee una base teorética que sostenga su anuncio de un nuevo paradigma. Una arquitectura que provenga de la nueva ciencia representa la antítesis de los edificios deconstructivistas elogiados por Jencks. Claramente, no podemos tener estilos totalmente opuestos o contradictorios surgiendo de la misma base teórica.

Antecedentes científicos de las partes

Antes de entrar de lleno en el asunto, necesito revisar los antecedentes científicos de las partes involucradas. ¿Hay algún experto científico que pueda validar los argumentos de Jencks? Jencks admite no ser un científico, pero considerando el porte de su proclama y que eventualmente podría determinar cómo se ve el mundo, seguramente ha de necesitar apoyo profesional. Por otro lado, tenemos a Christopher Alexander, quien estudió matemática y física en Cambridge. Alexander participó en las primeras conferencias sobre sistemas complejos junto con el autor de esta idea, Herbert Simon. El Instituto Americano de Arquitectos lo galardonó con la medalla de oro en 1972 por su trabajo en matemáticas en “Notas sobre la síntesis de la forma”.

Alexander ha utilizado consistentemente métodos científicos en arquitectura y en su último trabajo, en el cual resume treinta años de esfuerzo y que se llama “La naturaleza del orden”, directamente se aparta de su entrenamiento científico. Muchos arquitectos no saben que Alexander es considerado un visionario teórico en las ciencias de la computación de hoy en día por los conceptos originalmente desarrollados en “Un lenguaje de patrones”. Uno de los más grandes científicos en computación del mundo, Richard Gabriel, dice que del próximo libro a publicarse de Alexander, “La naturaleza del orden”, el volumen 2 sólo podría cambiar todo el campo de las ciencias de la computación. Esto es así porque, más que aplicar la teoría de la complejidad solamente en la arquitectura, Alexander ha desarrollado resultados fundamentales dentro de la teoría de la complejidad misma.

Como científico interesado en la arquitectura, no juego un rol cualquiera en esto. Conozco el trabajo de Alexander íntimamente, a quien he ayudado en la edición de “La naturaleza del orden” durante los últimos veinte años. Su perspectiva ha inspirado e influenciado mi propia investigación sobre la arquitectura. En los momentos en los que necesité de colaboradores para notas de arquitectura o urbanismo, me incliné más frecuentemente a elegir como coautores a científicos o matemáticos, muchos de ellos verdaderas eminencias. El trabajo de Alexander es una parte importante e integral de la nueva ciencia. Nuestras contribuciones a la arquitectura son una extensión de la ciencia dentro del campo arquitectónico, más allá de las meras analogías científicas. Los deconstructivistas son todos externos a la ciencia y, a pesar de lo que digan, no se acercan en absoluto a establecer un vínculo con la nueva ciencia.

En su lugar, los arquitectos deconstructivistas se apoyan en los filósofos deconstructivistas franceses. Aquí tenemos dos problemas monumentales: (i) la deconstrucción es ferozmente anti-ciencia, dado que su intención declarada es la de reemplazar y finalmente eliminar el pensamiento científico; y (ii) la lógica espuria de los filósofos deconstructivistas franceses fue expuesta con devastadores efectos por dos físicos, Alan Sokal y Jean Bricmont: “Demostramos que famosos intelectuales como Lacan, Kristeva, Irigaray, Baudrillard y Deleuze han abusado repetidamente de términos y conceptos científicos: bien usando ideas científicas totalmente fuera de contexto sin dar la más mínima justificación, o bien utilizando una jerga científica ante sus lectores no-científicos sin tener cuidado de su relevancia o aún de su significado”.

¿Cómo podemos aceptar entonces argumentos acerca de un nuevo paradigma en arquitectura basado en la ciencia si es que están esgrimidos por charlatanes que se auto proclaman anti-ciencia? Una investigación crítica acerca de la influencia penetrante y destructiva del pensamiento anti-científico en la cultura contemporánea se está llevando a cabo en lo que se conoce como “La guerra de las ciencias”.

COPIA SUPERFICIAL VS. PROCESOS FUNDAMENTALES (2)

Parece haber una confusión básica en el discurso arquitectónico contemporáneo entre procesos y apariencias finales. Los científicos estudian cómo las formas complejas surgen de procesos que son guiados por el crecimiento fractal, el surgimiento, la adaptación y la auto-organización. Todo esto actúa por un motivo. Jencks y los arquitectos deconstructivistas, por otro lado, ven sólo el resultado final de esos procesos e imponen esas imágenes a los edificios [11]. Pero esto es frívolo y sin razón. Podrían igualmente tomar imágenes de otra disciplina, puesto que esta aplicación superficial no tiene nada que ver con la ciencia.

Para mayor confusión, Jencks insiste en hablar de la cosmogénesis como de un proceso en continuo despliegue, un proceso emergente que va alcanzando siempre nuevos niveles de auto-organización. Esta es una descripción absolutamente correcta acerca de cómo surgen las formas en el universo y es precisamente lo que alcanzó a comprender Christopher Alexander a lo largo de su vida [4]. Cualquier atisbo de entendimiento por parte de Jencks de estos procesos se ve enturbiado cuando presenta el trabajo de Eisenman y Libeskind como ejemplos de la aplicación de estas ideas de emergencia en los edificios. Ninguno de estos edificios surge como resultado del despliegue, sino que representan en su lugar la excepción, formas tan desagregadas que ningún proceso generativo pudo nunca haberles dado origen.

Parece ser que los edificios deconstructivistas que tanto le gustan a Jencks son productos intencionales de la interrupción de los procesos de continuo despliegue. Habitan los límites externos del diseño del espacio arquitectónico, el cual no puede ser alcanzado a través de la evolución natural. Tenemos aquí un ejemplo interesante de manipulación genética. Al igual que en los casos análogos donde el desarrollo embrionario es saboteado, bien por medio del daño del ADN o bien por medio de químicos teratogénicos en el entorno, el resultado es una casualidad azarosa muchas veces disfuncional. ¿Deberíamos considerar a esos edificios como rarezas, monstruos y mutantes del universo arquitectónico? ¿No ha quedado fascinada la gente con los monstruos y con lo inhumano como parte de un entretenimiento efímero a lo largo de la historia conocida?

La clave aquí es la adaptación. He observado cómo es que actúan los procesos darwinianos en los distintos niveles de la arquitectura [3]. Un proceso de diseño que genera algo como un edificio deconstructivista debe tener un criterio selectivo muy especial. Nadie ha explicado ese criterio todavía. Lo que es obvio, de todos modos, es que no se adaptan a las necesidades humanas y que en su lugar están gobernados por inquietudes estrictamente formales. Algunos factores responsables del alto grado de desorganizada complejidad en esos edificios son: (i) una intencionada ruptura con la arquitectura tradicional de toda clase; (ii) una expresión de desequilibrio y de azar geométrico; y (iii) argumentos irónicos o “bromas”. Al intentar evitar esa región del diseño del espacio habitado por las soluciones tradicionales, las cuales son flexibles, uno se ve empujado hacia formas novedosas pero poco adaptables.

Fractales y formas rotas

Al emplear términos científicos de una manera tan liviana, Jencks menoscaba su credibilidad científica. Como ejemplo, él habla de “veintiséis formas florales similares” usadas por Gehry en el Museo de Bilbao [1]. Según mi opinión, no hay formas similares utilizadas en ese edificio. Se supone que se asemejan a flores, pero no lo hacen, puesto que las flores se adaptan a funciones específicas al desarrollar color, textura y forma, todo dentro de una coherencia total que está ausente aquí. Hay una diferencia tremenda entre una apreciación meramente visual de los fractales y una apreciación funcional [11]. El Guggenheim es metálico y desarticulado, nada más lejano a una flor. Jencks se refiere a estas formas no-similares como “fractales fluidos”. No tengo idea de lo que este término significa, puesto que no es usado en matemáticas. Un tercer término que él utiliza para las mismas figuras es el de “curvas fractales”. Nuevamente, esas curvas perfectamente suaves no son fractales.

Me sentí confundido al leer un capítulo entero del libro de Jencks [2] titulado “Arquitectura fractal” en el cual no hay ni un solo fractal (siendo las únicas posibles excepciones los azulejos decorativos). Sólo puedo concluir que Jencks está empleando mal la palabra “fractal” para significar “roto” o “dentado”, aunque se refiere al trabajo de Benoît Mandelbrot, aparentemente ha errado la idea central de los fractales, la cual trata de una periodicidad que genera una jerarquía anidada de conexiones internas. Una línea fractal es una estructura de un grano extremadamente fino. No es algo que simplemente zigzaguea; está interrumpido en todas las escalas (o sea, en cada magnificación) y en ningún lado es suave. Jencks mismo admite que: “La intención no es tanto crear fractales en sí, sino responder a estas fuerzas y darles expresión dinámica” [2]. ¿Qué quiere decir esto? Él se refiere a un edificio que tiene un patrón superficial basado en los bloques de Penrose y los llama “fractales exuberantes” [2]. Sin embargo, el patrón a-periódico de Penrose existe precisamente en una sola escala y es debido a esto que no es fractal.

Jencks trata con admiración los proyectos irrealizados de Peter Eisenman, los cuales estarían, según ellos, basados en fractales. Pero luego, Jencks agrega reveladoramente: “Parece ser que Eisenman toma sus préstamos de la ciencia seriamente sólo a medias” [1]. La ciencia, de cualquier modo, no puede ser tomada seriamente a medias; sólo se puede suponer que estamos tratando con un entendimiento superficial de conceptos científicos que habilita a cualquiera a tratar verdades fundamentales tan livianamente. Jencks cita al edificio de Eisenman para la Universidad de Cincinnati como ejemplo de lo que él propone como el nuevo paradigma en arquitectura. A pesar de todo, desde la perspectiva de un matemático, no hay una estructura evidente que demuestre los conceptos esenciales de la similaridad, auto-organización, estructura fractal o surgimiento. Sólo encuentro un desorden intencionado

SURGIMIENTO VS. RECONSTRUCCIÓN (3)

Tal como es admitido por sus practicantes, la de(con)strucción apunta a deshacer la forma, degradar conexiones, simetrías y coherencias. Esto es exactamente lo opuesto de la auto-organización en los sistemas complejos, un proceso que construye las redes internas a través de la conectividad. Una energía adicional de enlace es necesaria para mantener a los componentes juntos. La morfogénesis natural une la materia estableciendo múltiples conexiones a diferentes escalas e incrementando la coherencia global de todo el sistema; por el contrario, la deconstrucción deshace todo esto, simulando la decadencia y la desintegración de la forma. Por esta razón, los edificios deconstructivistas recuerdan a los severos daños estructurales como la dislocación, los desgarros internos y a la desintegración sufridos luego de un huracán, un terremoto, una explosión interna o (en un aterrador juego con el destino) una guerra nuclear.

Los sistemas complejos son irreducibles, en el sentido que representan mucho más que la suma de sus partes. La red de conexiones que mantiene unidos a sus componentes establece la crucial estructura organizacional que hace que el sistema funcione. Un sistema complejo no puede ser entendido observando a cada componente por separado, y la separación en componentes lo destruye. La palabra “surgimiento” es utilizada para denotar esta propiedad. Cuando los componentes se unen para formar un sistema complejo, surgen propiedades que no pueden ser explicadas salvo al hacer referencia al funcionamiento del todo. Es en realidad la conectividad la que dirige al sistema: con el objeto de crear un todo, las conexiones crecen y se proliferan, utilizando a los componentes y aferrando nodos que forman una red coherente.

La arquitectura y el urbanismo son ejemplos primarios de campos con fenómenos emergentes. Las ciudades y los edificios con vida tienen esta propiedad de increíble interconexión, que no puede ser reducida a los componentes del edificio o del diseño [3]. Cada componente, desde los grandes elementos estructurales, hasta el más pequeño ornamento, se une en una coherencia global que crea un todo mucho más vasto. Los edificios deconstructivistas, sin embargo, muestran la característica opuesta, donde cada componente degrada al todo en lugar de intensificarlo. Esto es fácil de ver. ¿Intensifica una pieza estructural a las que están alrededor? ¿Disminuye la coherencia total si se la quita de su lugar? La respuesta es sí en una gran catedral, pero no en un edificio deconstructivista. Creo que todos estarán de acuerdo conmigo con que cada porción de los edificios deconstructivistas que hoy en día están de moda, menoscaba y entra en conflicto con todas las demás porciones, lo cual es lo opuesto del surgimiento.

El verdadero nuevo paradigma

Stephen Grabow publicó en 1983 un libro titulado “Christopher Alexander: La Búsqueda de un Nuevo Paradigma en Arquitectura” [12]. Este anterior nuevo paradigma se refería a la arquitectura de Alexander y sus colegas, desarrollada a partir del método de diseño del Lenguaje de Patrones que fue presentado por primera vez en 1977 [7]. Este movimiento arquitectónico buscaba aplicar métodos científicos al problema de la forma arquitectónica, creyendo que la arquitectura más humana es aquella que antes que nada se adapta a las necesidades del hombre.

Esto incluye estilos que son visual y estructuralmente opuestos a los que Jencks propuso veinte años más tarde. Jencks nunca menciona esto, a pesar que conoce el trabajo de Alexander.

Antes de proclamar un nuevo paradigma en arquitectura, es necesario demostrar que se está ofreciendo un discurso arquitectónico drásticamente renovado. Me parece que aquí, Stephen Grabow hizo un excelente trabajo al explicar cómo la obra de Christopher Alexander unifica todo lo que en la arquitectura —lo nuevo y lo tradicional — posee cualidades humanas en común [3]. “Lo que distingue su trabajo del de sus predecesores arquitectónicos es el sistema lingüístico y matemático sin precedentes que ha construido alrededor de las viejas ideas que diferencian el espacio con el objeto de crear un nuevo tipo de edificio” [12]. Mi propia investigación nos permite apreciar la arquitectura tradicional, no por sus ventajas históricas o estéticas meramente, sino como resultado de su complejidad matemática [3]. Las tradiciones constructivas de todo el mundo y de todos los períodos pre-modernos de la historia, comparten una estructura matemática común y esencial.

Un cambio paradigmático ocurre en la ciencia cuando una descripción de la naturaleza o una explicación de un fenómeno particular acarrean una revisión drástica. Más que un simple reemplazo de teorías, un cambio paradigmático implica una manera totalmente nueva de ver el mundo [13]. Estamos comenzando a comprender que la coherencia estructural es una cooperación entre diferentes componentes formales de un edificio y entre edificios de una misma ciudad. La ciudad es un fenómeno emergente, conecta fuerzas y redes en cada diferente escala. Un edificio es en sí mismo un resultado coherente de elementos cooperando en muchas diferentes escalas, desde una dimensión global hasta los ornamentos y detalles en los materiales [3]. El verdadero nuevo paradigma en arquitectura está contenido en el método para comprender y generar complejidad desarrollado por Alexander [4].

Un motivo por el cual este nuevo paradigma no fue adoptado es porque produce edificios emocionalmente confortables. Los arquitectos tradicionales como Léon Krier y otros han estado usando métodos atemporales para organizar la complejidad y atribuyen sus resultados al conocimiento heredado del pasado.

Es sólo recientemente que hemos logrado unificar dos tradiciones dispares: (i) ramas de varias arquitecturas que evolucionaron a lo largo de milenios y (ii) reglas teóricas para una arquitectura derivadas de un entendimiento de la naturaleza mucho más avanzado [3]. El nuevo paradigma es un entendimiento revolucionario de la forma, siendo que las formas mismas tienden a verse familiares precisamente porque se adaptan a las sensibilidades humanas. Muchos arquitectos, por otro lado, erróneamente esperaban que el nuevo paradigma generara formas extrañas e inesperadas, por lo que fueron engañados por los deconstructivistas.

Irónicamente, la primera edición del altamente influyente libro de Jencks, “El lenguaje de la arquitectura posmoderna”, coincidió con la publicación de “Un lenguaje de patrones” [7]. Las ideas subyacentes en los dos nuevos paradigmas en competencia llevan 25 años de historia. Las nociones confusas e incoherentes de los posmodernistas fracasaron al intentar desplazar las sensibilidades humanas arquitectónicas y urbanas a lo largo de un cuarto de siglo, y de la misma manera, fallaron al intentar derribar a un modernismo fuertemente afirmado. Ahora, los tiempos han madurado finalmente para que un importante desarrollo arquitectónico tenga lugar. Puesto que creo que el modernismo finalizó en 2001 [5] (y no en 1972, como sostiene Jencks [2]), estamos ahora viendo cómo el nuevo paradigma toma su lugar en nuestra civilización.

POSTMODERNISMO Y RECONSTRUCCIÓN (4)

Los edificios modernos, posmodernos y deconstructivistas se distinguen por su bajo grado de complejidad organizada [3]. Los edificios que Jencks prefiere tienen todos, un alto grado de complejidad desorganizada. Se llega a esta cualidad a través de métodos de diseño mencionados previamente. Se puede también incluir el uso de materiales high-tech para un cierto efecto, el cual es cuidadosamente manipulado para lograr un impacto psicológico negativo en el usuario. Esta última característica está muy bien expresada por Jencks mismo cuando describe un edificio paradigmático: “Se trata de un frenesí amenazante destinado, como en algunas de las obras de Eisenman, a desestabilizar al observador...” [2]. No creo que nadie vaya a considerar que la complejidad desorganizada como tema común, es base suficiente para anunciar un nuevo paradigma.

Jencks quisiera hacernos creer que el viejo paradigma arquitectónico (el modernismo) ha sido — o está siendo — desplazado por un nuevo paradigma definido por los ejemplos de los edificios con los que ilustra su libro [2]. Esta primera presunción ya es problemática, puesto que mucha gente alrededor del mundo nunca aceptó al modernismo como paradigma arquitectónico. Yendo a lo dicho por Jencks, si se considera la cantidad de estilos de los que se supone que consiste el postmodernismo, es muy difícil ver alguna idea arquitectónica unificadora en ese contradictorio conjunto de trabajos. Más aún, el modernismo (dejando de lado su fundamental incapacidad para acomodar las actividades humanas) fue un estilo intelectualmente mucho más compacto que el postmodernismo o la deconstrucción. El shock se encuentra definitivamente en los estilos más nuevos (intencionadamente), ¿pero qué pasa con una concepción renovada de las estructuras?

Jencks busca un tópico unificador con el objeto de poder declarar un nuevo paradigma arquitectónico, el cual incluiría de algún modo a todos los edificios que siempre ha defendido desde la primera edición de su libro [2]. Eso envolvería prolijamente y ayudaría a salvar la idea de que la arquitectura postmoderna es una entidad definida, algo que se ha derrumbado (o, de acuerdo a algunos, siempre ha sido un mito). Al decir que los edificios con los que ilustra su libro están relacionados con la nueva ciencia — lo que queda demostrado que no es cierto — lo que está haciendo en realidad es enlazar una moda con otra. Lo que es conocido como “la nueva ciencia” es simplemente una colección de resultados científicos que casualmente han sido conocidos por el público sólo recientemente a través de la prensa y los medios científicos populares.

Ciencia, tecnología y materiales

Jencks y los arquitectos deconstructivistas aman ciertos edificios. Ellos provocan un estremecimiento a partir de sus creaciones y eso no puedo negarlo. De cualquier modo, sí sospecho de una confusión básica entre ciencia y tecnología. El uso de avanzadas herramientas informáticas de modelización para el diseño y la producción lleva a algunos a una satisfacción intelectual y Jencks señala este factor como uno de los puntos notorios del nuevo paradigma que promulga. También hay una especie de fetichismo hacia los materiales high-tech. Los no-científicos, notoriamente confunden a la ciencia con sus aplicaciones específicas. Esto es peligroso porque, mientras que la ciencia nos da una comprensión del mundo físico, la tecnología es meramente una herramienta que puede ser aplicada tanto para crear como para destruir [5].

Stephen Grabow resumió correctamente este error conceptual: “La imagen popular de la arquitectura del futuro— las fantasías espaciales de Hollywood, las tiras cómicas y la ciencia ficción — es básicamente incorrecta, un maltrato a la ciencia. Una teoría verdaderamente científica (opuesta a una tecnológica) de la arquitectura estaría mucho más involucrada con la apertura del proceso creativo que produce los edificios en lugar de ocuparse de la aplicación de las tecnologías científicas sobre los edificios ya producidos” [12]. Jencks sugiere que deberíamos emocionarnos porque el programa de computación que se utiliza para diseñar los aviones de caza franceses es el mismo que se aplicó para modelar el Guggenheim de Bilbao.


También se espera que valoremos las burbujas (las cuales imitan los ectoplasmas de los espiritualistas del siglo XIX) como formas arquitectónicas relevantes simplemente porque son generadas por computadora.

Esta fascinación con la tecnología es heredada de los arquitectos modernos, quienes la mal interpretaron terriblemente. Cuando la tecnología es suficientemente poderosa, se puede llegar a pensar equivocadamente que la ciencia subyacente puede ser totalmente ignorada. Las personas más informadas saben que se puede modelar cualquier figura en una computadora; no es muy distinto que bocetar con lápiz y papel. Sólo porque algo es creado en una computadora no lo valida, sin importar la complejidad del programa que se usa para producirlo. Nos tenemos que preguntar: ¿cuáles son los procesos generativos que producen esta forma, son relevantes para la arquitectura?

Estamos ahora ante el umbral de una revolución del diseño, en la que las reglas generativas pueden ser programadas para evolucionar electrónicamente y luego cortar los materiales directamente. Existe un potencial extraordinario para el diseño computarizado y para la producción de edificios. Los arquitectos como Frank Gehry hacen eso con el software disponible, pero por ahora, ningún arquitecto de los que están de moda sabe acerca de las reglas fundamentales que dan origen a una estructura viviente. Algunos de nosotros, siguiendo la guía de Alexander, estamos descubriendo esas reglas y finalmente esperamos poder programarlas. Otros, trabajando dentro de la arquitectura tradicional, siempre han conocido estas reglas; ahora están listos para generalizarlas más allá de cualquier estilo específico.

Cuando las reglas científicas de la arquitectura sean universalmente adoptadas, los productos sorprenderán a todos por su innovación combinada con un intenso nivel de vida no vista en los últimos cien años.

En lo que respecta a los materiales, no hay nada de malo con el high-tech cuando es usado dentro de un contexto que crea una arquitectura que conecte con las sensibilidades humanas. En general, los materiales mismos afectan la naturaleza de las reglas generativas, puesto que las propiedades superficiales definen la escala más pequeña de la jerarquía estructural de un edificio. La naturaleza de los materiales ofrece, a través de sus diferentes características y propiedades, un rango de distintas posibilidades generativas dentro de la totalidad del proceso arquitectónico. La arquitectura del futuro empleará todos los materiales disponibles en su lugar apropiado. Al usar exclusivamente materiales high-tech, se define una arquitectura que constriñe la variedad de reglas generativas, algo que no es generalmente entendido hoy en día.

PROMOVIENDO AGENDAS ARQUITECTÓNICAS (5)

Mucho de lo que sostengo ya ha sido dicho por los críticos de la deconstrucción. Y aún así, al igual que algunos monstruos míticos, los edificios deconstructivistas se esparcen por todo el mundo. Sus clientes son poderosos individuos, corporaciones, fundaciones y gobiernos que quieren absolutamente uno de estos edificios como símbolo de status. La publicidad alrededor de la deconstrucción refuerza una imagen comercialmente atractiva. Admito que los confusos intentos de justificación teórica — que emplean azarosamente términos y conceptos científicos — han tenido éxito al validar este estilo a ojos del público. Al parecer, hay algo que claramente está trabajando para publicitar la deconstrucción y los esfuerzos de Jencks están dirigidos en esa dirección.

Se supone que un cambio paradigmático debe alcanzar la unificación, no la separación a la que apunta Jencks. Al dividir inicialmente a la arquitectura en modernismo y postmodernismo, todo lo demás resulta ser irrelevante. Cuando los deconstructivistas eventualmente reaccionen dentro de esta falsa dualidad, regresarán al modernismo de la Bauhaus. ¿Qué pasa con la vasta mayoría de los edificios del mundo? ¿Explica el paradigma arquitectónico propuesto por Jencks cómo encaja la arquitectura tradicional dentro del gran esquema? No, en realidad, él acentúa la polarización al proclamar una fundamental discontinuidad en la sociedad misma, lo cual encaja convenientemente con su elección arquitectónica: “Si realmente hubiese un nuevo paradigma o algún cambio en la forma de pensar en cualquier campo como la arquitectura, entonces obviamente provendría de un cambio cultural más amplio, un cambio de visión en la religión, probablemente en la política y ciertamente en la ciencia” [2].

Me molesta particularmente este intento de utilizar la religión con el objeto de promover un discurso arquitectónico. Jencks dice que “Por un lado, hay un deterioro de las formaciones culturales previas. El cristianismo y el modernismo, las dos cosmovisiones vigentes... sólo persisten” [2]. “El post-cristianismo y el tardo-modernismo tal vez subsistan por otros cien años...” [1]. No quiero hacer comentarios sobre estas declaraciones, pero quisiera conocer la reacción de billones de personas religiosamente devotas — cristianos y otros de alrededor del mundo — que no sólo son arrumbados bruscamente, sino que para peor, son puestos en la misma categoría que los arquitectos modernos anti-religiosos.

Jencks mantiene una posición filosófica elegante, la cual explica la descompuesta y fragmentada arquitectura al decir que es la sociedad la que se descompone y se fragmenta. Esto es tan pesimista como hueco y es lo opuesto de lo que describe la nueva ciencia. La escuela filosófica flamenca contemporánea desbanca semejantes sentimientos nihilistas: “Nuestra opinión es que no se puede sobrepasar al modernismo negando simplemente sus ideales, como cierta interpretación del postmodernismo quiere hacernos creer. El resultado sería una evolución hacia un mundo completamente fragmentado, sin ningún propósito ni sentido de dirección. Por el contrario, creemos que el ideal de una humanidad libre y racional no está muerto, pero aún no se ha realizado” [14].

Al elegir al deconstructivismo e ignorar al resto, Jencks casualmente aparta su preferencia estilística de la herencia arquitectónica de cuatro mil años con la que cuenta la humanidad. Al seleccionar unos pocos edificios de moda como modelos a seguir, otros estilos quedan signados a formar parte del montón de basura de la historia. La extrema estrechez de la reciente propuesta de Jencks sirve para imponer sus prejuicios formales sobre los demás. Jencks hace una increíble predicción para el deconstructivismo: “¿Producirá un ambiente más jovial, sensual y articulado que antes? Ya lo creo” [2]. Luego del precedente análisis acerca de cómo las formas deconstructivistas se apoyan en el azar y en la fragmentación y en la negación de las tradicionales necesidades emocionales, esta afirmación es una sorpresa.

Todo cobra sentido cuando se ve puramente como una táctica para propagar una preferencia estilística. Esto se hizo ya una vez exitosamente en 1920 para introducir otro — así llamado — “nuevo paradigma”. Le Corbusier copió la última tecnología proveniente de los autos deportivos, aeroplanos, buques transatlánticos y silos de cereales para definir una nueva arquitectura. El truco consistió en crear formas que no se parecieran a nada conocido.

Alrededor de veinte años más tarde, Sigfried Giedion produjo una explicación voluminosa pero sin sentido acerca de por qué esta nueva arquitectura estaba basada en la nueva ciencia de esos días, la relatividad y el espacio-tiempo. Esta propaganda funcionó brillantemente. En la versión actualizada, los arquitectos deconstructivistas esperan que el mismo método vuelva a funcionar.

Conclusión

A los arquitectos de hoy se les dice que la nueva ciencia sostiene y provee bases teóricas para la arquitectura deconstructivista. Nada parece justificar este argumento. Por el contrario, creo que la evidencia demuestra que sí existe un nuevo paradigma en la arquitectura y que está apoyado por la nueva ciencia. Charles Jencks está en parte en lo cierto (aunque estrictamente por coincidencia, siendo que basa su nuevo paradigma en malos entendidos). La nueva ciencia lleva inexorablemente hacia un nuevo paradigma en la arquitectura. Sin embargo, este nuevo paradigma no incluye a la arquitectura deconstructivista. El nuevo paradigma abriga la innovadora y humana arquitectura de Christopher Alexander, a la tradicional y humana arquitectura de Léon Krier y más, mucho más.


Nikos Salingaros es profesor de matemáticas en la Universidad de Texas en San Antonio, y posee un subsidio de la Fundación Sloan para estudiar las leyes científicas de la arquitectura




1. Charles Jencks (2002) “The New Paradigm in Architecture”, DATUTOP 22, pág. 13-23.
2. Charles Jencks (2002) “The New Paradigm in Architecture” (Yale University Press, New Haven).
3. Nikos A. Salingaros (2001) A Theory of Architecture, libro online disponible en http://sphere.math.utsa.edu/sphere/salingar/architecture.html
4. Christopher Alexander (2001) The Phenomenon of Life (Oxford University Press, New York) [The Nature of Order, Book One].
5. Michael Mehaffy y Nikos A. Salingaros (2001) “The End of the Modern World“, PLANetizen www.planetizen.com , aproximadamente 4 páginas; reimpreso por Open Democracy www.opendemocracy.net
6. Christopher Alexander (1964) “Notes on the Synthesis of Form” (Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts).
7. Christopher Alexander, Sara Ishikawa, Murray Silverstein, Max Jacobson, Ingrid Fiksdahl-King y Shlomo Angel (1977) A Pattern Language (Oxford University Press, New York).Traducción al Castellano: Christopher Alexander, Un Lenguaje de Patrones: Ciudades, Edificios, Construcciones (G. Gili, Barcelona, 1980).
8. Richard Gabriel (1996) “Patterns of Software” (Oxford University Press, New York).
9. Alan Sokal y Jean Bricmont (1998) “Fashionable Nonsense” (Picador, New York) [Título europeo: Imposturas Intelectuales].
10. Richard Dawkins (1998) “Postmodernism Disrobed”, Nature 394, páginas 141-143.
11. Brian Hanson y Nikos A. Salingaros (2002) “Death, Life, and Libeskind“, Architectural Record Online - In the Cause of Architecture (February 2003), aproximadamente 10 páginas.
12. Stephen Grabow (1983) “Christopher Alexander: The Search of a New Paradigm in Architecture” (Oriel Press, Boston).
13. Thomas Kuhn (1970) “The Structure of Scientific Revolution”, 2nd. Edition (University of Chicago Press, Chicago).
14. Diederik Aerts, Leo Apostel, Bart De Moor, Staf Hellemans, Edel Maex, Hubert Van Belle y Jan Van der Veken (1994) “World Views: From Fragmentation to Integration” (VUB Press, Brussels).



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